Fujimori on Trial :: Fujimori procesado

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Afectados

Un día en el Juicio del Siglo

                                      Por Carolina Huamán Oyague

(Familiar del Caso Cantuta) 

Es difícil describir la mezcla de sentimientos que hoy me embargan. Son casi 15 años y cinco meses, desde aquella madrugada cuando una premonición me despertó abruptamente y me condujo al cuarto de mi hermana, la buscaba desesperada y llena de angustia. Jamás imaginé todo el horror que vendría después; para mi dolor aún parece ser el 18 de julio de 1992. Más han pasado tantos años y hoy por fin Fujimori está sentado en el banquillo de acusados. Hoy por fin la luz al final del túnel ya no es tan tenue, aunque aún borrosa puedo leer Justicia. Quizá algunos quisiera que solo sea una palabra más, pero encierra un conjunto de acciones y compromisos que decidimos asumir. 

Sentada en este recinto judicial, veo al principal responsable del secuestro, tortura y asesinato de mi hermana. Hoy está frente a un tribunal, le llegó el tiempo de rendirle cuentas a la justicia, su sonrisa socarrona ya no es espontánea requiere disforzarse para mantener su circo, sus payasos intentan mil libretos, pero el show no da para más. El ausentismo en sus tribunas populares se hace más evidente, ante la falta de argumentos se quitan la careta y usan sus recursos para generar actos propios de quienes carecen de premisas válidas. Se pintan y muestran tal como son, como fueron siempre tras de cámaras y apañados por la corrupción. Ya no tienen ese falso poder por medio del cual, a lo largo de todos estos años, quisieron doblegarnos. Fueron incapaces de entender que el poder no está hecho para ejercer fuerza sobre nuestros semejantes. El verdadero poder es el interno, el que es capaz de generar, de crear. El que convierte los ideales en realidad, el que nos permite dejar de ser utopía porque somos realidad. Los verdugos no pudieron acabar con nuestros ideales. A pesar de tanta infamia y del extremo al que nos llevaron, nunca perdimos nuestra capacidad de dar frutos, de crecer en espíritu. Ha sido nuestra perseverancia y sobre todo el inmenso amor a nuestros seres queridos, no nos dejo darnos por vencidos. 

Día a día escucho atentamente las declaraciones del acusado Fujimori, mientras vienen a mi mente múltiples eventos, ante cada respuesta un feedback de imágenes recargan mi memoria. Hoy quiere hacernos creer que era un neófito, un discriminado, un relegado, un defensor de los derechos humanos; dice que sus canales de información le dieron datos equívocos, suena jocoso teniendo en cuenta el control que ejercía. Hoy pretende borrar nuestra memoria, pero habemos quienes sí recordamos el apoyo de la milicia a su golpe de Estado. Recordamos su famosa palabra “Disolver”. Recordamos el clima de impunidad que él propició dando directivas y promoviendo leyes que nos impidieran alcanzar la justicia. Cuántas veces estuve al lado de mi madre frente a alguna institución del Estado exigiendo justicia. Sin embargo, él nunca escuchó nuestros gritos, mucho menos se detuvo a ver nuestras lágrimas. Recuerdo su respuesta al horror que él mismo llama sólo “un simple exceso……de qué hermana habla, esa persona no existe, se fugó con su novio”.

Imposible olvidar sus tanques a la cabeza de su general victorioso amedrentando al Congreso, sus agentes cerrándole el paso a nuestras madres vestidas de negro, la entrega de los restos de mi hermana en una caja de cartón, el impedimento para su entierro, las sentencias fraudulentas del Fuero Militar, sus leyes de madrugada, la ley Cantuta, las leyes de amnistía para sus criminales, la amenaza y el reglaje a mi familia, el hostigamiento y la estigmatización de su prensa comprada. Recuerdo el desprestigio al que llevó a las Fuerzas Armadas, porque en su gobierno no hubo un soldado amigo sino temeridad a los uniformados. Jamás pensó en los derechos humanos de los peruanos cuando mandó a nuestros soldados a una guerra inútil mientras él traficaba armas para el enemigo con su socio Montesinos. El acusado Fujimori intenta inútilmente hacerse pasar por tonto cuando le recuerdan las cifras, los nombres, los hechos de horror, el halo de barbarie que dejó su escuadrón de la muerte. Y a pesar de todo eso, cinco minutos más tarde su egocentrismo lo traiciona y entonces nos recuerda que él estaba en todo, en cada poblado en cada actividad, dominando los eventos, recordándonos así que era omnipresente y omnipotente. Le es imposible ocultar su soberbia, pero la historia nos enseña que es esa actitud nefasta la que imprime páginas negras en la memoria de la humanidad, es también esta quien lleva a la debacle a todos aquellos que se autoproclaman mesiánicos.  

Muchos sentimientos confluyen en mí en estos tiempos. Está la tristeza y la impotencia dejada por la malevolencia de los hombres, la ausencia que jamás podrá ser cubierta. Pero está, también, la alegría y la solidaridad encontrada en los múltiples gestos y expresiones de seres incapaces de ser indiferentes con su prójimo, personas que no pudieron dejar de indignarse y fueron así nuestra fortaleza y la señal para seguir adelante en pos de la justicia, no sólo por nuestros familiares sino, por todas las cantutas que hoy se ven representadas en este proceso.  

La visualización completa de Alberto Kenya Fujimori convierte todo en una vorágine de sentimientos, de imágenes, de recuerdos, de afrentas sin su mea culpa ni pedido de perdón. Así sale fácilmente mi sonrisa ante lo hilarante de sus argumentos, quisiera que mis lágrimas no surcaran más mi rostro, pero a veces estas vienen y no es posible detenerlas, llegan junto con todo lo vívido y con la pena de ver a seres como el ex-dictador Fujimori, capaces de reunir toda la miseria humana, incapaces de ver la magnitud del actuar equívoco, del impacto negativo provocado en el otro, ensimismado y cegado sólo por la ambición del poder y el dinero. ?