Fujimori on Trial :: Fujimori procesado

Accountability in Action :: Rindiendo cuentas

Fujimori on Trial :: Fujimori procesado random header image

Impresiones de una observadora

Miryam-pic-1.jpg picture by praxislimaEl 10 de marzo estuve en la audiencia Nº 34, fue la primera vez que iba, y bueno fue un día tranquilo, por lo que dijeron.  

Hubieron 2 testigos, uno limpiando evidentemente a todo el que podía (sobre todo así mismo) y el otro diciendo todo lo que podía.

Ambos militares en retiro, uno el compadre de Montesinos y jefe del SIE durante los años 91 y 92.

Y el otro, responsable de la Base Militar de Acción Cívica en La Cantuta en julio del 92 (justo cuando sucedió el secuestro y la matanza de los 9 estudiantes y el profesor).

El primero muy aburrido, el segundo hablador pero cauto, igual se cuida.

Ambos -además de testigos- están siendo procesados en la Base Naval.

En todo caso, en ambos casos (el uno dando datos y el otro escondiendolos) la sesión es realmente desagradable, porque todo es tan in-cierto y nebuloso. Deliberadamente turbio, un insulto a la verdad por todas las esquinas. Qué difícil manejarse en ese terreno! Para mi era como querer interrumpir y decir, bueno, basta ya, hable todo lo que tiene que decir y déjese de juegos. Sin embargo, esa opción no existe. Y, hay que seguir el terreno de las leyes y los abogados.Estamos en esa corte (totalmente ritual) en la que cada uno juega un juego, un rol.

Fujimori jugó de inmóvil, Nagasaki de tranquilo y pausado, los abogados de la parte civil y el fiscal Guillén de incansables (preguntan y preguntan y preguntan).

El que manda (El Jefe-Juez Supremo San Martin): se la jugó de sabio y le salió.

Y, la gente de la sala estuvimos allí, soportando la sesión, las horas pasan y pasan y pasan.

En la sala de prensa, todo es como un pasadizo frente a 2 pantallas gigantes (la gente duerme, conversa, come…). Felizmente, nos tocó estar en la sala de las familiares, que tiene más cuidado (allí a través de unos vidrios se puede ver y escuchar directamente lo que está pasando, aunque se comparta la sala con los familiares de Fujimori).

La ruta es larga, en todo momento estuve cerca de las señoras (son las que más acogen, te miran y te saludan), son muy amables y están súper habituadas al espacio. Me ayudaron a orientarme (si entrar, si salir, si subir al carro, si bajar, si el DNI, si almorzar, si…), en mi impresión no las vi saturadas ni mucho menos desbordadas. En realidad no sé si por ser una sesión sencilla todo estuvo como ordenado. También vi a los abogados, en su espacio natural, se reían, comentaban y hubo un momento en el intermedio que hasta bromearon con el abogado de Fujimori: Nagasaki, sobre el tema de la hora. 

Cada uno en su sitio, conociendo bien el ritmo y ese espacio.

Varios se duermen, pero creo que es natural, son muchas, muchas horas, le sucede a las familiares (de ambos lados), a los abogados (de ambos lados), a Fujimori y a todos. Igual no es la voz que los abogados de la defensa se duerman pero sucede.

Las señoras están al tanto de todo. Lúcidas y admirables.

Mi sensación de estar allí era sólo de respeto hacia ellas. Han luchado tanto, han resistido tanto, han buscado tanto y han denunciado tanto que lograron tener sentado allí a Fujimori. Y a esos militares de alto rango que seguro en su tiempo fueron los “bravucones” ahora tenerlos sentados allí “chorreándose de miedo” es realmente increíble.

No sé si son ideas mías o qué? Pero sentí al Jefe del Tribunal: San Martin, como si estuviera jugando para nosotros. Con los 2 testigos hizo precisiones interesantes que permitían aclarar lo que Nagasaki había disfrazado. En algunos casos tengo la sensación que el Juez Supremo actúa como Fiscal y el Fiscal Guillén como abogado de la defensa.

Una de las señoras decía “¿Qué creían que iban a gobernar toda la vida?”… lo único que me llamó la atención es que mientras almorzábamos, les dije que era admirable su lucha y que ahora ellas eran las poderosas que habían logrado tener allí sentado al acusado Fujimori, me pareció que esto no les supo a nada, tuve la sensación que esquivaron la idea… luego en el bus de retorno, al comentarlo a otra señora me dijo: “Nosotras somos insignificantes, todavía nos pueden hacer algo”.

Y me contó lo de los insultos o los empujones de la bancada fujimorista, “Nosotras hacemos como que no fuera con nosotras, al contrario, les miramos de frente y les saludamos”, pero inmediatamente recordó antiguas amenazas telefónicas a su familia.

Más bien lo que me decían las señoras es que por fin, con uno y otro testimonio se están enterando de lo que sucedió. Y, es tanta la necesidad de juntar las piezas del rompecabezas que les quitó a sus hijos/as que no importa cuan cruel pueda ser el testimonio, ellas quieren saber, escuchar y tratar de entender el camino que siguieron sus hijos/as hasta que murieron.

Tanta es la necesidad de la verdad que la gente soporta el dolor con tal de saber. Más aún si ahora se suma la posibilidad de justicia. Ellas incluso ahora se sienten tranquilas porque ya Fujimori tiene una condena de 6 años y les han dicho que le pueden poner otra de entre 20 y 30 años por este caso, eso las hace seguir.

Algunas de ellas incluso cuentan como han dejado de soñarse a sus familiares, otras cuentan situaciones en las que casi se mueren (accidentes de transito, enfermedades graves u otras) y cómo siguen con vida gracias a que sus hijos/as las están cuidando. Dicen: “de un rato parece que mi hija/o me quiere llevar con él/ella pero luego dicen mejor no, y me dejan aquí para seguir viviendo”.

Los fujimoristas son pocos pero son. Llegó Kenji, llegó Keiko, llegó Raffo, estuvieron en la mañana un rato y luego se fueron. Aún cuando intentan dar imagen de seguridad no la tienen. Niegan o miran con el rabillo del ojo, no miran de frente. En la tarde, Raffo acomodó a los 8 improvisados fujimoristas que quedaban (todos juntos, adelante para saludar y despedirse de Fujimori) y luego sale raudamente. Hasta Fujimori mira (tratando de pasar inadvertido) a la zona de familiares. Tienen temor de lo que está pasando y de lo que a suceder. Bueno, era hora, no?

La hora del almuerzo cada uno se sienta en la mesa que quiere, hay varias. Nadie menciona si sala VIP o “beach”. Cada uno almuerza y comenta lo que puede o quiere. Luego los abogados buscan donde descansar (logran hacerlo en una salita contigua) y las señoras se suben al bus para descansar. El hecho que el almuerzo de las familiares esté asegurado es una gran cosa, todos almorzamos con tranquilidad.

Los tiempos están bien cuidados y eso hace sentir que la situación está controlada. La amabilidad que muestra la CNDDHH es importante, la gente se siente acogida. El tema del bus facilita mucho. Se siente bien, cada quien se ubica donde quiere, cada quien habla con quien quiere.  

Me parece que el espacio no es para estar preguntando quien es quien, ni cuál fue su familiar, las señoras están a su aire, algunas se abrazan, otras no, se fastidian, se pasan la voz para no dormirse. En realidad, ellas se apoderan del espacio, se ubican en la parte delantera, otras se van ubicando por el resto de la sala. Seguras. Tampoco es que te están preguntando tanto quién es una. Nada, están allí y listo. Tampoco siento que sea un bloque de las familiares, se bromean y todo pero cada una es cada una. Reconocen a la Sra. Raida y a Gisella como las más luchadoras y luego también a algunos de sus familiares, y luego a los derechos humanos.

En mi caso, luego de un rato de charla, recién las señoras preguntan quien es una, no lo hacen al principio, me dio la impresión que primero quieren cosas generales antes de llegar a los temas personales. Al retorno a Lima, me animé a conversar un poco más con una de las señoras y me va contando su historia, lo que le paso a su hija, las dificultades con su familia, y sola por ella misma -luego de contar su historia de llegada a Lima y de cómo le costó hacer crecer a su hija- ella pasa a otro tema y se entretiene contándome la cantidad de familia que tiene en Lima, sobre su madre de 80 años viviendo aún en Ayacucho, y sobre sus 9 hermanas, cada una viviendo en una esquina distante de Lima.

Me cuenta que viene a todas las sesiones, que también va al Juicio de la Base Naval, también del respaldo que ha recibido de APRODEH y de la CNDDHH, luego se entusiasma pidiendo el número de celular de Ali y del Sr. Roca. Nos despedimos con afecto y con buena energía.

La única sensación que tengo ahora es de querer regresar, lo que decían las señoras es cierto, uno va aprendiendo de cosas de los abogados, pero sobre todo, también yo sentí que me enteraba de lo que pasó en el Perú (aunque mucho no querían contar esos señores). Increíble!

Les animo a participar del Juicio al Acusado Fujimori sobre los casos Barrios Altos y La Cantuta.

Miryam Rivera Holguín