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La estrategia del doctor Nakazaki

Toniflipped-2.jpg picture by praxislimaAntonio Zapata 

El testimonio de los mayores Santiago Martin y Carlos Pichilingue abre una nueva etapa del juicio a Fujimori. Han negado todo. No existió el destacamento “Colina”, tampoco hubo órdenes de asesinato y ellos ni siquiera estuvieron cerca. Todo el discurso se sostiene sobre el deliberado olvido de las víctimas. Pareciera que no existieran muertos por explicar. Los mayores sostuvieron impertérritos su versión, aunque Martin confesó que los agentes de inteligencia saben responder de acuerdo a las circunstancias; es decir, informó que estaba mintiendo. No importa que su respuesta sea contradictoria con sus previas declaraciones a Umberto Jara. Tampoco interesa que contradiga el testimonio de los colaboradores eficaces. La declaración de éstos tiene mayor sentido, porque toma en cuenta a las víctimas, para ofrecer una explicación coherente de cómo, porqué y quiénes las ultimaron.  Pero, Martin contradice todo. Esta negación viene siendo convenientemente utilizada por el hábil abogado defensor de Alberto Fujimori, doctor César Nakazaki.

Al negar lo evidente, Martin y Pichilingue buscan anular el testimonio de los colaboradores eficaces. Ellos intentan colocar su inverosímil versión en el mismo nivel que la ofrecida por los testigos de la fiscalía. Buscan que se tomen como dos lecturas equivalentes de los mismos hechos. A continuación, Nakazaki sostiene que no acepta necesariamente a Pichilingue y Martin, sino que establece la profunda discrepancia de versiones. Por ello, habría una duda, que obviamente favorece al acusado. Ningún juez puede condenar a un acusado sobre el cual existe duda. Martin y Pichilingue no declaran para ser creídos, sino para embarrar la información proporcionada por la otra parte, colocando al juicio ante dos opiniones contradictorias de supuesto similar nivel.

A la vez, la versión de Martin y Pichilingue apoya la estrategia general del fujimorismo. Se sostiene que los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta fueron episodios colaterales de una lucha exitosa contra el terrorismo. En el esfuerzo por convencer al público, el fujimorismo busca que la gente vuelva a sentir el miedo que inspiró Sendero, para reiterar que el ex presidente fue un eficiente defensor del pueblo contra el terrorismo. En esa lucha de titanes, habrían apenas dos excesos, cometidos por personas que a fin de cuentas son leales, callan lo que saben, aún a costa de ofrecer ante los jueces una versión imposible de creer. Así, nuevamente tenemos que Pichilingue y Martin no han hablado para ser creídos, sino para aparecer como los sacrificados de la guerra contra Sendero.

Un sector de la sociedad argumenta la utilidad de esos crímenes en la transferencia del terror a los terroristas. Barrios Altos habría sido un ajuste de cuentas  por el atentado contra los Húsares y La Cantuta por la calle Tarata. Así, la absurda versión de Martin busca despertar un sentimiento de identificación con los encargados de la parte oscura de una guerra exitosa. En esa lucha, a Fujimori le habría correspondido el comando político y resulta injusto condenarlo. Es más, en ese parecer, estamos ante una venganza urdida contra Fujimori por los caviares y los representantes de los terroristas. Ese punto de vista se encuentra en el libro que ha soltado Pichilingue.

La estrategia de Nakazaki desarrolla una segunda idea fuerza: la cadena de mando no llega a Fujimori. En cada sesión se preocupa por aclarar los niveles de responsabilidad, para mostrar que Fujimori ni siquiera estaba oficialmente informado de los crímenes por los que está siendo juzgado. Como sabemos, los jueces chilenos lo han extraditado con la tesis del dominio de hecho, “sabía lo que estaba pasando y estaba en posición de impedirlo, mas no lo hizo e incluso premió y amnistió”. Para enfrentar esta conclusión, Nakazaki necesita probar que ni siquiera estaba al tanto de los hechos. Puede sonar inverosímil, tomando en cuenta la fuerte conducción presidencial cuando la toma de la embajada de Japón, pero el abogado está obligado a sostener que Fujimori estaba por encima de todo. 

Veremos cómo desarrolla su argumento hasta el final, porque es claro que en este Tribunal se juegan dos escenarios: el estrictamente judicial de Alberto Fujimori y buena parte del juego electoral del 2011. Las próximas semanas, conforme se acabe el verano, subirá la temperatura de este trascendental juicio.