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Segunda visita al Juicio a Fujimori

Toniflipped-2.jpg picture by praxislimaSesión 23 del juicio. Lunes 11 de febrero del 2007 

El Presidente del Tribunal abre la sesión ordenando que el testigo Pablo Andrés Atúncar Cama hago su ingreso a la sala. A continuación, el juez San Martín informa que el testigo es convocado por la fiscalía; se trata de un agente de inteligencia operativa, técnico de segunda del EP, sentenciado con anterioridad por el caso Barrios Altos a quince años de prisión, que viene cumpliendo. Asimismo, años atrás se sometió al régimen de colaboración eficaz, lo cual facilitó su condena adelantada en este proceso. Al tomar su puesto, fue exhortado por el presidente del Tribual a decir solamente la verdad.

El fiscal inicia el interrogatorio. El testigo relata que hizo su servicio militar obligatorio en 1979, a la edad de 18 años. Al terminar, se quedó en el ejército en la escuela de inteligencia. En 1983 entró al Servicio de Inteligencia del Ejército, SIE. A partir de entonces realizó numerosas acciones, recolectando información política en el terreno, usando una serie de procedimientos. Era infaltable en los mítines y seguía a ciertas personas. En 1990 entró a trabajar en un área especializada donde se confeccionaba planes para que otros agentes y unidades realicen operaciones. El principio es que no hay una sola acción de inteligencia sin un plan predeterminado. Asimismo, que no es el mismo agente encargado de la operación quien hace este plan, sino que proviene de otra instancia. Por ello, hay un organismo especializado en la creación de los planes y a esta instancia fue a trabajar Atúncar hasta inmediatamente antes de ser llamado a integrar el nuevo destacamento “Colina”. En planes de inteligencia estuvo dos años. Relata que los planes eran aprobados en el SIE y luego remitidos a la DINTE.

Ante una pregunta del fiscal, el testigo hace un paréntesis conceptual para explicar cómo funciona el sistema de inteligencia visto desde abajo, desde la perspectiva de un agente. Las órdenes provienen del destacamento al que uno pertenece. Vienen acompañadas de un plan específico fabricado por la respectiva unidad de planes. Cumplida la misión, el agente reporta a través de un canal. Se trata de un buzón. El jefe del destacamento tramita un informe general ante el SIE, que se procesa en la Dirección de Inteligencia, DINTE. Cabe destacar que la Comandancia general del Ejército realiza un parte diario con el jefe del DINTE. Todo agente sabe que su trabajo no es individual, sino que es parte de un engranaje manejado cotidianamente por el alto mando. Asimismo, puntualiza que la creación de un destacamento de inteligencia es una atribución de la Comandancia General del EP.

El 15 de setiembre de 1991 fue cambiado para integrar el novísimo destacamento “Colina”, por orden del jefe de estado mayor, quien a la fecha era el general Nicolás Hermoza, posteriormente Comandante General del EP y procesado por estos mismos hechos. Su nueva unidad estaba ubicada en la Escuela de Inteligencia, en un galpón que había sido depósito del Servicio de Inteligencia Nacional, SIN. Su primera entrevista fue con el entonces capitán Santiago Martin Rivas, quien le explicó que lo convocaban para destruir a Sendero Luminoso, SL. Establecieron un sistema de tres contactos diarios y quedaron en que Atúncar acudiría a una reunión que convocaría Martin. A los días, efectivamente, se encontró con otros 25 agentes, todos integrantes de la nueva unidad. Dirigió la reunión Martin y estaba acompañado por el también capitán Pichilingue. En esa reunión quedó claro que matar era parte de la misión del nuevo destacamento. Lo sostuvo claramente Martin precisando que la misión del equipo sería detectar, capturar y eliminar dirigentes terroristas. Asimismo, quedó claro que era un destacamento especial del EP, de elite lo llamó Martin, Los agentes preguntaron por su seguridad, se les contestó que cada uno tendría 100,000 dólares a su disposición para viajar al extranjero en caso de necesidad, que dejarían de acudir al hospital del ejército, para no despertar sospechas, pero que se les tomaría un seguro de salud particular de primer nivel de diez mil dólares. Por último se les aseguró que sobre su sueldo ordinario recibirían una paga extra de 150 dólares mensuales. En la práctica, casi todas estas promesas se revelaron falsas andando el tiempo. Solamente les pagaron un extra sueldo, pero no de 150 dólares sino soles.

Todos los agentes presentes aceptaron la misión que les encomendaba el alto mando del EP. Para celebrarlo, hubo una parrilada donde estuvo presente el Teniente Coronel Rodríguez Zabalcoa, quien era el jefe del destacamento, en tanto que Martin ocupaba el cargo de jefe operativo. En una segunda reunión, el jefe administrativo, el capitán Pichilingue, les informó que se había de constituir una empresa de fachada, que tendrá como capital los US$ 100,000 que cada uno de ellos tenía como dinero de seguridad. Al día siguiente de la reunión general de agentes, realizaron una romería al cementerio llevando flores para los militares caídos en la lucha contra Sendero. Ahí, Martin pronunció un discurso anunciando que el nombre del destacamento sería “Colina”.

En octubre de 1991 se trasladaron a la Playa La Tiza, donde originalmente funcionaba un centro de esparcimiento de suboficiales. Colina tomó control total del perímetro, para realizar desde esas instalaciones sus operaciones de entrenamiento. Utilizaban dos tipos principales de armas largas: un fusil HK con silenciador, llamado la “muda”, por su característica de casi no hacer ruido. En segundo lugar, empleaban también un arma de mayor potencia denominada FAL G3; obviamente también disponían de pistolas automáticas, granadas y explosivos. Cabe destacar que el capitán Martin provenía del arma de ingeniería militar, que especializa a su gente en el manejo de explosivos. El volumen de armamento era muy alto, lo cual constituye otra prueba, según razona Atúncar, del carácter oficial del destacamento “Colina”. El origen de las armas era el SIE y destaca que en cada operación portaban palas y cal, para enterrar cuerpos y borrar huellas digitales de los cadáveres. Las armas eran guardadas en la Villa Militar de Chorrillos, en casa del agente Carvajal, también integrante de “Colina. A ese depósito del armamento lo llamaban “la Ferretería”.

En La Tiza, durante semanas, practicaron la toma del inmueble de Barrios Altos y la matanza que perpetrarían. El plan contemplaba dinamitar el local, pero fue abandonado. Cuando se quedó en realizar una matanza a tiros, se dispuso que el agente Carvajal levante el nivel de la música, para que no se escuche el tableteó casi silencioso de las “mudas”.

El día de los acontecimientos, Atúncar estuvo asignado a la misión de contención. Salieron de la playa La Tiza hacia las 4 de la tarde, se dirigieron al jirón Huanta y él ingresó a la pollada antes que llegue el comando de aniquilamiento. Subraya la presencia de un agente encubierto de inteligencia cuyo seudónimo era “Abadía”, quien estaba presente en la pollada en tanto había infiltrado a SL. Sólo Martin conocía a Abadía.  Al ingresar constata que en el inmueble se estaban realizando dos reuniones sociales en paralelo, una en el segundo piso y la otra en el patio del primero. Careciendo de seguridad sobre cuál era el objetivo, Atúncar salió a buscar a Martin para pedirle que Abadía informe con precisión sobre el objetivo. Se realiza esa diligencia y se establece que se trata de la reunión del patio del primer piso. Luego, llegan dos camionetas conduciendo al equipo operativo. Ingresan y en la puerta se junta un grupo de curiosos, atraídos por el porte militar y armamento que llevaban. Para distraerlos, Atúncar finge un pleito con otro agente de contención y los curiosos se dispersan. La eliminación física de los presentes en esa pollada duró menos de cinco minutos. Salieron, pusieron circulinas en sus vehículos y se fueron tan rápido como habían llegado.  Destaca que a menos de cien metros había una comisaría y en la Plaza Italia quedaba también la sede de la Dirección de Inteligencia de la Policía.

Los encargados de brindar seguridad y contención se dirigieron al punto de seguridad. Fue en la Plaza de Barranco, donde también acudió el jefe del destacamento, comandante Rodríguez Zabalcoa. Mientras que el grupo de aniquilamiento se retiró directamente a La Tiza. Luego, se fueron todos a la misma playa.

Lamentablemente hubo un escándalo periodístico y empezaron a salir nombres en los diarios. Todo el personal estaba nervioso. En ese contexto se llevó adelante un almuerzo con el Comandante General del EP, general Nicolás Hermoza Ríos. Esta reunión fue en el sexto piso del Cuartel general del Ejército, conocido como “Pentagonito”. Ahí, Hermoza pronunció un discurso sosteniendo que las acciones de “Colina” eran bien consideradas por el comando y que contaban con el respaldo del “más alto nivel”. Cuando Atúncar escuchó esta frase, concluyó que tanto el Ministro de Defensa como el Presidente de la República los respaldaban, porque ellos eran el más alto nivel del Comandante General, nadie más tiene sitio en ese punto del escalafón.

El destacamento “Colina realizó solamente ocho operaciones, en todas ellas se mató y en ninguna se detuvo a alguien para interrogarlo. Su misión era eliminar. Después de precisar este punto con voz serena y cruda actitud, Atúncar se emociona y algo quebrado pide perdón a los familiares de las víctimas presentes pocas filas delante mío. Atúncar también se arrepiente ante su propia familia, que sufre de grandes problemas debido a su participación en “Colina”. En este momento, los familiares de las víctimas igualmente se emocionan y nos envuelve un manto de tragedia y dolor.

Atúncar informa que, además, hubo dos operativos abortados. El uno para eliminar a Yehude Simón, actual presidente regional de Lambayeque y el otro a Javier Diez Canseco, JDC, ex congresista. A la época ambos eran connotados dirigentes de la izquierda peruana que actuaba en la legalidad. En el caso particular de Yehude, el operativo estaba listo, el plan había sido aprobado y practicado. Estaban a mitad de la operación, porque el comando de aniquilamiento ya había salido de la base y se había alojado en un hotel situado a pocos metros del local político al que Yehude acudía. En ese momento, una llamada telefónica levantó el operativo.

El caso de JDC fue más complejo, porque su equipo de seguridad era experimentado. A ellos les dijeron que la seguridad de JDC era un grupo de gente formada en la marina de guerra que sabía de estas cosas. El caso es que JDC salía del congreso y tomaba distintas rutas, nunca iba por el mismo camino. Por ello, decidieron matarlo en la misma puerta del Congreso, apenas ponga un pie fuera, sin darle tiempo a nada. En este operativo iban a emplear una carreta que se interpondría para obligar a detener a su movilidad y abalearlo por ambas puertas. Evaluaron que necesitarían de los fusiles FAL automáticos, por su mayor potencia de fuego. Querían estar bien seguros porque temían que JDC hubiera hecho blindar su carro. Para este operativo no hubo luz verde y se descartó.

Para el operativo La Cantuta fueron en equipos de combate; sacaron sus armas de la “Ferretería” y viajaron en cuatro vehículos a la mencionada universidad. Les dijeron que era un operativo de venganza por el atentado de SL en la calle Tarata de Miraflores. En ese momento, la universidad alojaba a una unidad de operaciones especiales del EP, que les permitió pasar y actuar como si estuvieran en su casa. El armamento del que disponían como contención era un G3 de gran potencia. Fueron cubiertos con pasamontañas, entraron a la vivienda universitaria y sacaron primero a los varones. Para todo esto, estaban filmando todo el operativo y destaca la presencia de un infiltrado del EP en SL que precisaba quiénes eran senderistas y debían ser detenidos. También relata que este operativo fue el único enteramente filmado. A continuación sacaron a las estudiantes mujeres y finalmente al profesor, a quien hubo que arrancar de los brazos de su esposa. Los subieron a sus vehículos, Atúncar transportó a una estudiante mujer, los condujeron hasta el lugar planeado para ejecutarlos. Era un polígono de tiro, donde los ultimaron con fusiles “mudas”. Luego, abrieron fosas que no fueron bien hechas, lo cual motivó problemas que finalmente llevaron a que se descubra todo.

Al día siguiente, el agente Sosa lo convocó para desenterrar los cadáveres y llevarlos a otro lugar. Le dijo que estaban muy superficiales y que ya estaban merodeando perros vagos que acabarían sacándolos. Esa noche en tres vehículos trabajaron una quincena de agentes, con picos, palas y cal. Recuerda que el olor era intenso y que el trabajo fue muy duro. Luego, hubo un segundo traslado de cadáveres, ante el acoso de la prensa, pero él no participó de esta tercera operación de enterramiento.

Atúncar relata que todos los integrantes de “Colina eran bautizados matando en alguna ocasión. Que no se cumplió en todos los casos, pero que era la norma. Era el principio de la responsabilidad compartida. Él mismo estuvo presente en los ocho operativos de “Colina”, todos ellos sangrientos. Estuvo en este destacamento hasta el 11 de noviembre de 1992, cuando se desactivó, a raíz de cambios en la DINTE, salió el general Rivero Lazo del comando. Ante esta situación, devolvieron el armamento al SIE.

Fueron detenidos en 1993, pero inicialmente él no fue comprendido en la causa judicial. Pasados unos meses visitó a sus compañeros en prisión y le pidieron como favor que cobre regularmente sus sueldos y que les traiga el dinero a la cárcel, cosa que hizo. En ese entonces estaban esperando la amnistía que finalmente llegó en 1995.

Actualmente, Atúncar está preso desde hace cinco años. Fue sentenciado hace 5 meses a quince años de penitenciaría. Su situación militar es muy desfavorable. Está en servicio activo pero sin asignación de cuadro. Ello significa que no gana sueldo ni tampoco puede pedir su pensión de jubilado. Está en la nada. Ese limbo legal le impide a su familia acudir al seguro médico militar y disponer de algún ingreso. Además tiene que pagar una reparación civil y ya ha dado un adelanto. Ha sido colaborador eficaz de la justicia peruana y no le han arreglado mínimamente su situación legal; ha escrito multitud de peticiones para ser dado de baja y poder cobrar su pensión por 21 años de servicio. No le contestan. Concluye diciendo que cumplió órdenes que le fueron emitidas por un oficial en servicio y en un cuartel militar. Por lo tanto, afirma que sobre él se ha ejercido una injusticia, pidiendo perdón y clemencia.

A continuación de la parte civil, fue el turno de la defensa de Alberto Fujimori a cargo de su abogado, César Nakazaki. Su interés inicial fue pedirle al testigo que aclare cuál era la línea de mando para la elaboración y aprobación de los planes de inteligencia. Después de un forcejeo verbal con el testigo, Nakazaki realizó su primera pregunta directa, ¿Cómo sabe el testigo que los planes operativos de “Colina eran aprobados por el Comandante General del Ejército? De acuerdo a su parecer, lo único que consta de los manuales militares es que el jefe de un destacamento de Inteligencia como “Colina”, es decir el teniente coronel Rodríguez Zabacoa reportaba al SIE, que luego consolidaba y reportaba a la DINTE. Hasta ahí lo legal, luego si subía más no sería para recibir órdenes sino como informe. Es decir, de acuerdo a su parecer, las órdenes de Colina se impartían en la DINTE, no eran adoptadas por Hermoza, menos por Fujimori. Los aniquilamientos deben haber sido concebidos dentro de Colina y posiblemente fueron fruto de excesos en el desarrollo de las operaciones. ¿Cómo sabe el testigo que los planes de Colina pasaban por el despacho del Comandante General del EP? ¿Le consta? ¿Acaso fluye de los manuales?

El testigo vacila y se confunde. Nakazaki continúa recordando que al comenzar el testigo había sostenido que los planes operativos se elaboraban en la unidad de planes del SIE y que una vez aprobados en esta instancia eran elevados a la DINTE para su definitiva sanción. Le recuerda que ha contado cómo se elaboraban los planes al informar a la sala que él mismo trabajaba en planes. Si esto es así, el testigo ha expresado que los planes operativos eran aprobados en definitiva en la DINTE. Entonces, porqué realiza un salto hasta la oficina del Comandante General y otro salto, esta vez más profundo, a la oficina del presidente de la república. ¿Porqué lo hace? ¿Le consta? ¿Estuvo ahí? Porque no fluye del manual de operaciones ni tampoco de su propio relato sobre cómo se elaboraban los planes cuando él trabajaba para esa unidad de inteligencia. ¿Cómo sabe que el Comandante General aprobó los planes de aniquilamiento?

El testigo sigue vacilando y el juez trata de precisar la situación. Sostuvo San Martín que quizá esos manuales y los planes que el testigo elaboró en el pasado eran para asuntos normales, pero que, posiblemente, dada la materia y naturaleza de “Colina”, sus asuntos merecían un tratamiento especial. Después de presentar esa hipótesis, el testigo se agarró de ella para contestar a Nakazaki una y otra vez que Colina nació para matar y por ello era singular, tanto que el Comandante General del EP los invitó a almorzar y les ofreció apoyo del más alto nivel para su accionar, cuando estaba en todos los diarios el escándalo por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. Se interroga, ¿qué nivel es superior al Comandante General del EP? Solamente el ministro de defensa y el presidente de la república. Luego, los amnistiaron, por una norma que venía del Congreso y firmaba el presidente. Entonces, razona que fueron una unidad del ejército, que les asignaron la tarea sucia y que al final los han dejado caer, sin reconocer su papel. Vuelve a pedir perdón.

Antonio Zapata, 13 febrero 2007