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Fujimori sometido a juicio: el informe de una observadora de WOLA

Jo-Marie Burt fue testigo de la primer semana del juicio en contra del ex presidente peruano Alberto Fujimori, en Lima, como observadora acreditada de WOLA. Aquí esta su reportaje exclusivo. 

31 de Diciembre, 2007

Por Jo-Marie Burt

 

El juicio en contra del ex Presidente Peruano Alberto Fujimori comenzó el diez de Diciembre del 2007, fecha que también marcó el aniversario número 59 de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Ya sea que Fujimori fuese o no fuese consciente de esta ironía, Fujimori se encuentra acusado precisamente de los crímenes que la magna carta de protección de los derechos humanos busca impedir: haber ordenado la realización de secuestros y asesinatos extra-judiciales, y de abuso de poder durante su periodo como mandatario entre 1990 y 2000.

El “mega-juicio,” (como lo llaman los peruanos) de su ex mandatario, se limita en la actualidad a los cargos por los cuales Fujimori fue extraditado al Peru desde Chile en septiembre. Estos incluyen violaciones de los derechos humanos en tres casos diferentes: la masacre de los Barrios Altos de 1991, en la cual quince personas fueron asesinadas; la desaparición y el subsiguiente asesinato, en 1992, de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta; y el secuestro del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer en los días posteriores al golpe de Estado del 5 de abril de 1992, en el cual Fujimori cerró el congreso, suspendio la constitución,  y asumió el control del poder judicial con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

Fujimori también es acusado de corrupción y de abuso de poder en cuatro casos, incluyendo la intercepción de las lineas telefónicas de algunos miembros de la oposición; el soborno de varios miembros del Congreso; el desfalco de fondos del Estado para fines ilícitos y la transferencia de 15 millones de dólares de fondos públicos a Vladimiro Montesinos, jefe de facto del Servicio Nacional de Inteligencia (SNI). 

El primer juicio se centra en los tres casos de violación de los derechos humanos.  En los casos de Barrios Altos y la Cantuta, los asesinatos fueron realizados por el Grupo Colina, unidad clandestina procedente del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), cuya función era eliminar a aquellos sospechosos de ser simpatizantes de los guerrilleros de Sendero Luminoso. Hay evidencia de que Fujimori conocía la existencia del Grupo Colina, incluyendo declaraciones hechas por los miembros del grupo, y de que no hizo nada para detenerlos, ni tomó medidas para castigar los crímenes cuando ya habian sido cometidos.

El juicio

Primer dia

Una sala de juicio especial fue construida cerca del complejo donde Fujimori se encontraba encarcelado, en la base de las Fuerzas Especiales de la Policía Nacional, localizada en el periferio oriental de Lima, en Ate Vitarte, un polvoriento barrio de clase obrera localizado a una hora del centro de la ciudad, en dirección oeste. 

Me trasladé en bus hacia la base el lunes por la mañana, en compañía de varios abogados de derechos humanos, de parientes de las víctimas, de activistas y de otro observador internacional. Cuando el bus se acercaba a la entrada de la base fuimos atajados por un grupo pequeño, aunque ruidoso, de simpatizantes de Fujimori.  “¡Cierra la ventana!” alguien me aconsejó, informándome después que, en ocasiones anteriores, los simpatizantes de Fujimori les habian lanzado huevos y pintura de color naranja (el color que Fujimori utilizó en su primera campaña a la presidencia).

Finalmente, algunos policías nos escoltaron hacia la entrada.  Intercambiamos nuestros documentos de identidad por credenciales que nos darían acceso a la galería de observadores, un pequeño cuarto separado de la sala de juicio por una pared de vidrio.  Ya dentro de la galería tomamos nuestras sillas.  Los parientes de las victimas y los activistas de derechos humanos estaban sentados al lado izquierdo de la sala, mientras que tres de los cuatro hijos de Fujimori y otros simpatizantes, incluyendo a varios líderes del Congreso,se sentaron al lado derecho.

La escena fue tensa desde el primer momento. Debido a la pared de vidrio no siempre podiamos oír los procedimientos (el sistema de audio consistía en un pequeño parlante cerca del techo, con un micrófono para amplificar el sonido).  En varias ocasiones el sonido simplemente desaparecía por completo.

El primer día del juicio fue dedicado en su mayor parte a las formalidades iniciales.  El juez estableció las reglas básicas del proceso y el abogado defensor y el abogado acusador presentaron las evidencias y una lista de testigos que habrían de ser llamados durante el curso del juicio. Después del descanso para el almuerzo, José Peláez Bardales, el fiscal supremo, leyó en voz alta la lista de cargos en contra de Fujimori. 

“Fujimori formó el Grupo Colina. El aprobó y ordenó los asesinatos en el contexto de una guerra sucia que sembró dolor y derramó la sangre de inocentes” dijo el fiscal.  Anotó que Fujimori no había participado directamente en los crimenes, pero que, como jefe de Estado, era responsable por los actos cometidos y por haber fallado en investigar y castigar debidamente los crímenes cuando tuvo conocimiento de ellos. “Fujimori operó en una estructura de autoridad donde él daba las órdenes, sabiendo muy bien que iban a ser cumplidas,” dijo Peláez. 

El momento mas dramático del dia se presentó cuando el juez le preguntó a Fujimori si aceptaba o rechazaba las acusaciones hechas en su contra.  Fujimori se lanzó a pronunciar un largo discurso sobre el estado desastroso en que estaba el Perú cuando él asumió la Presidencia y, visiblemente emocionado, insistió en el éxito de su gobierno en controlar la hiperinflación y derrotar al terrorismo.  “En 1990 yo recibí el país al borde del colapso, abrumado por la hiperinflación y el terrorismo… Gracias a mi gobierno, los derechos humanos de 25 millones de peruanos, sin excepción, fueron rescatados.” 

Después de dejarlo hablar por varios minutos, el juez César San Martín interrumpió tímidamente a Fujimori,  ordenándole responder si se declaraba culpable o inocente. Fujimori siguió hablando, lo cual llevó a San Martín a afirmar con mayor confianza: “en esta sala mando yo. Usted debe respetar a este tribunal.”  Luego exhortó a Fujirmori a aceptar o a rechazar las acusaciones en su contra.  Casi eufórico, como si pudiera determinar el resultado del juicio simplemente con la fuerza de su voluntad, Fujimori declaró,  “¡rechazo las acusaciones [en mi contra]. Soy inocente!”. En ese momento, los simpatizantes de Fujimori, entre ellos algunos miembros del Congreso, se pusieron de pié y lo aplaudieron con júbilo.  El juez reprochó a estos espectadores, advirtiéndoles que ellos tenían que permanecer en silencio  y que, de no hacerlo, arriesgaban ser expulsados de la sala. 

La sesión se detuvo para el almuerzo y reinició a las 3;00 p.m., pero el juez repentinamente levantó la sesión.  El médico informó que la presión sanguínea de Fujimori había alcanzado niveles peligrosos. El expresidente necesitaba descansar. 

Segundo día 

El juicio se va a llevar a cabo día de por medio – los lunes, los miércoles, y los viernes. Por esta razón, se reinició dos días después, el miércoles 12 de diciembre.

El día anterior Fujimori había sido condenado por otro juez, en un juicio diferente, y sentenciado a seis años de cárcel por abuso de poder, en un caso que incluía el allanamiento de la residencia de la esposa de Montesinos; allanamiento ordenado por Fujimori en el 2000, presumiblemente para apoderarse (y remover) algún tipo de evidencia material que lo perjudicaba. (Fujimori le dió la orden a un oficial militar de hacerse pasar por un juez con el fin de llevar a término el allanamiento).  Aunque Fujimori admitió su culpabilidad en este caso, su intento de conseguir una sentencia más leve fue rechazada por el juez, quien sostuvo esencialmente que la confesión fue un gesto muy pequeño y muy tardío.  

El momento de esta decisión fue coincidencial y, seguramente para Fujimori, un mal augurio para el juicio principal.  Su conducta pareció reflejar que era consciente de esto. En contraste con la vigorosa defensa de su legado realizada el lunes, Fujimori parecía sombrío mientras permanecía sentado con sus simpatizantes detrás del vidrio divisor.  Más tarde en la sesión pareció recobrar sus ánimos un tanto. 

La sesión comenzó puntualmente a las 9:30 a.m. El juez César San Martín empezó la mañana con claras instrucciones dirigidas al acusado: las respuestas deben ser claras y concisas, el acusado debe responder a la persona que lo interroga y no será permitido gritar. “Debemos evitar cualquier declaracion por fuera del marco de este juicio… Vamos a ser firmes en este punto” explicó San Martín.  No cupo duda en la mente de cada espectador presente que el juez se refería al arrebato de Fujimori en el primer día de juicio, cuando el ex-presidente aprovechó la oportunidad que se le dio de aceptar o refutar los cargos en su contra para defender su gobierno. 

El juez procedió a hacerle unas preguntas básicas a Fujimori, entre ellas su verdadero nombre, su domicilio y su estado civil.  Cuando el juez San Martín le pregunto si alguna vez había sido puesto a juicio o procesado por un crimen, toda la sala permaneció en silencio.  Fujimori respondió casi con un susurro: “tuvimos este proceso ayer” refiriéndose a su condena del martes. El juez entonces ordenó al procurador público comenzar su interrogatorio de Fujimori.

Dicho intercambio estableció el ambiente de la sesión.  Fujimori permaneció impasible, al igual que sus simpatizantes en la galería de observadores. Esto fue en agudo contraste con la sesión del lunes, cuando los mencionados personajes parecían llenos de confianza  y con mucho ánimo; sobre todo después del vigoroso rechazo por parte de Fujimori de los cargos en su contra, que sus simpatizantes aplaudieron. Sin embargo, dicho estado de ánimo cambiaría en el curso del interrogatorio de la mañana, en la medida en que el fiscal supremo Peláez parecía perder el rumbo en el proceso de interrogar a Fujimori.  Peláez pareció distraído y falló en darle seguimiento a las respuestas de Fujimori a algunas preguntas claves y le permitió al acusado extenderse sobre lo que él considera que son los logros de su gobierno en aplastar la violencia guerrillera. Cada vez que se le presionaba a aclarar su relación con Montesinos y con la guerra de contrainsurgencia, la línea de defensa de Fujimori fue que sólo emitía “directivas” y que no controlaba ni daba órdenes directas en las operaciones militares. “Tuve el mando pero no el comando” aseguró en varias ocasiones.  Esta rima, repetida una y otra vez por Fujimori, comenzó a sonar como el estribillo utilizado por O.J. Simpson en su defensa: “If the glove does not fit you cannot convict” (una rima que significa, “si el guante no calza bien, no se puede condenar”).   

Hacia la mitad de la mañana, Fujimori, viéndose claramente mas relajado, respondía a las preguntas casi con soltura, convencido, al parecer, que las cosas estaban yendo a su favor. Cuando Peláez solicitó un segundo descanso a eso de las doce, el juez suspendió la sesión de la mañana hora y media antes de lo previsto. Los simpatizantes de Fujimori en la galería estaban eufóricos, comentando mientras salían de la sala de observadores: “El fiscal se quedó sin preguntas.”  La sesión comenzó de nuevo a las 3:00 p.m., pero cuarenta minutos después fue suspendida cuando Peláez solicitó permiso para salir debido a la muerte de su suegro. 

Los abogados de derechos humanos que representan a las familias de las víctimas expresaron su irritación ante lo que parecía ser una falta de preparación de Peláez y su fallo en darle seguimiento a varias cuestiones claves durante el interrogatorio.  Aunque admitieron que la aparente falta de preparación podía ser debida a tensión emocional, se preguntaron por qué Peláez no había solicitado más temprano en la sesión el permiso de ausentarse o por qué no había dejado que el procurador asistente se hiciera cargo del interrogatorio.

“La interrogación fue débil e inconexa” dijo Ronald Gamarra, antiguo procurador y uno de los abogados representantes de los parientes de las víctimas. “Parecía más como una conversación entre el acusado y procurador”. Los reportajes en la prensa fujimorista reflejaron la satisfacción que los simpatizantes de Fujimori sentían ese día. “Fujimori gano la segunda ronda” leía el titular de La Razón, un diario firmemente aliado con Fujimori.

Tercer día

La sesión del viernes presenció una reversa dramática.  Con Peláez haciendo uso del permiso personal que había solicitado, el procurador asistente, Avelino Guillén, quedó a cargo del interrogatorio de Fujimori.  Guillén sometió al acusado a una sostenida y tenaz interpelación.  A veces noto secamente que Fujimori se estaba contradiciendo, o que sus respuestas eran incongruentes con su posición como mandatario.  En cierto punto declaró que la amnesia de Fujimori era selectiva, sugiriendo que el ex presidente estaba evadiendo dar respuestas a preguntas que lo podían perjudicar.  Fujimori ahora estaba visiblemente incómodo y mucho menos jubiloso de lo que había estado en días anteriores.  Intentó descarrilar la interrogación de Guillén con comentarios mañosos, correcciones y frases irónicas, pero Guillen ignoró estos intentos y siguió con su vigoroso interrogatorio. 

El cambio dramático en el tono del juicio fue más aparente en la sesión de la tarde, cuando Guillén enfocó sus preguntas sobre el primer caso de violación de derechos humanos, la masacre de los Barrios Altos, donde quince personas, incluyendo a un niño de ocho años, fueron ejecutadas a quemarropa mientras participaban en un asado, el 3 de noviembre de 1991.  Se sospecha que el Grupo Colina, un escuadrón de la muerte que operaba en el seno del Servicio de Inteligencia del Ejercito (SIE) fue autor de la masacre. (Otro juicio se está llevando a cabo y en él 53 miembros del Grupo Colina, además del asesor de inteligencia de Fujimori, Vladimiro Montesinos, y el ex jefe de las fuerzas armadas, General Nicolás de Bari Hermoza Ríos, están acusados de haber cometido la masacre. Montesinos y Hermoza Ríos se encuentran actualmente encarcelados, pues fueron encontrados culpables en otros casos).  Fujimori respondió a muchas de las preguntas del procurador con respuestas evasivas y varias veces declaro nó recordar información clave.  Sin embargo, admitió que Montesinos fue el autor del discurso que él pronunció en la sede de la agencia de inteligencia del Estado la noche del llamado “auto-golpe” del 5 de abril, 1992, cuando Fujimori disolvió el congreso y la rama judicial en el contexto de un a escalada de violencia por parte del grupo guerrillero Sendero Luminoso. No tuvo respuesta cuando le preguntaron por qué mantuvo a Montesinos en una posición de autoridad después de conocer las conexiones de aquél con el narcotráfico, salvo para decir que la experiencia de Montesinos era una ventaja para su gobierno, y que la pacificación anti-guerrillera era un objetivo de tal importancia que hacía necesario pasarle por alto dichas faltas.  Declaró no tener ningún conocimiento de los intentos de Montesinos de consolidar su control sobre las Fuerzas Armadas por la vía de promover a sus antiguos compañeros de la Escuela Militar ni de las reuniones de Montesinos con generales de alto rango, líderes empresariales, y magnates de los medios de comunicación, muchos de los cuales están en la cárcel condenados por corrupción.  

Después de hacerle varias preguntas a Fujimori con respecto a los eventos relacionados con la masacre de los Barrios Altos, Guillén procedió a preguntarle si había conocido a alguna de las victimas de la masacre antes de su muerte.  Fujimori respondió que no había conocido a ninguna.  El procurador declaró, que, sólo para estar seguro, iba a leer los nombres de cada una de las victimas para que Fujimori pudiera apuntar si la había conocido o no. Nombró la primera victima y su edad al momento de morir. “¿Usted lo recuerda?” “No, no lo conocí.”  El procurador continuó con el nombre de la próxima victima. Claramente ansioso por detener al procurador antes de leer la lista completa de victimas, Fujimori respondió, “No, no lo conocí.  No conocí a ninguno de ellos.”  

Guillén siguió leyendo los nombres restantes en la lista de víctimas, para claro disgusto de Fujimori, quien respondió cada vez, “No lo conocí (a él o a ella).” El último nombre fue leído, “Javier Manuel Ríos, ocho años, asesinado con cinco balas a la cabeza ¿Se acuerda usted de él?.”  “No, no lo conocí.” respondió Fujimori impasible.  El procurador repitió el nombre del niño para causar efecto dramático. Luego presionó a Fujimori, “Usted, que hizo visitas por todo Perú, ¿visitó a los familiares de las víctimas de los Barrios Altos?”  Fujimori respondió que no los había visitado, aunque después dijo que el ejercito había prestado beneficios no especificados a los cinco sobrevivientes de la masacre de Barrios Altos (un alegato que los abogados de derechos humanos han cuestionado).  En un intento de recuperarse de la devastadora presentación del procurador Guillén, Fujimori dijo: “Estaba tan ocupado pacificando al país y no estaba equivocado.” El procurador, quizás sintiendo que éste era un buen momento para terminar el día, pidió que se levantara la sesión, y el juez accedió.  Fue la primera vez en el curso de la primera semana del juicio que las víctimas ocuparon el centro del escenario. Fue una manera dramática de terminar la primer semana de uno de los juicios más importantes de la historia peruana.

Días cuatro y cinco 

El tenaz interrogatorio por parte de la procuraduría continuó en la segunda semana del juicio, que comenzó el lunes 17 de diciembre, cuando Guillén interrogó a Fujimori en detalle sobre las masacres de los Barrios Altos y la Cantuta.  Fujimori admitió durante este interrogatorio que en 1993 Montesinos le informó de la existencia del Grupo Colina, declaración que parecía contradecir afirmaciones previas en las que aseguró que no sabia nada acerca de él. 

La fiscalía terminó la primera ronda de interrogación de Fujimori el miércoles 19 de diciembre con el fiscal Peláez de regreso de su ausencia y concentrando sus preguntas en el caso de los secuestros de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer.  Peláez dijo que la estrategia de Fujimori – asegurar que no tenía conocimiento de la existencia del Grupo Colina, un grupo compuesto por oficiales del ejército – era incongruente con otras declaraciones hechas por el acusado que demostraban su autoridad sobre, y su conocimiento de, las acciones de las fuerzas armadas en el contexto de la guerra de contrainsurgencia contra Sendero Luminoso. 

Los abogados de derechos humanos que representan a los sobrevivientes de la masacre del Grupo Colina y los miembros de las familia de las victimas tendrán ahora la oportunidad de interrogar a Fujimori.  Este proceso será seguido por el interrogatorio de numerosos testigos convocados por los abogados de la defensa y de la fiscalía. 

Desde el principio, los simpatizantes de Fujimori han intentado restarle legitimidad al juicio y minimizar la importancia de los cargos en contra de Fujimori.  Después de la sesión del viernes, los simpatizantes de Fujimori acusaron a Guillén de estar al servicio de la “izquierda caviar” (un termino que puede ser burdamente traducido al inglés como limousine liberals) y repitieron sus acusaciones de que el juicio era semejante a una persecución legal.  Keiko Fujimori, hija del ex mandatario y ahora congresista dijo: “A mi padre, el ex presidente Alberto Fujimori, no lo harán callar ni se someterá a las insolencias y agresiones políticas de [la izquierda] de “caviar” expresadas a través del fiscal adjunto supremo, Avelino Guillén.” [1]  Los simpatizantes de Fujimori han organizado protestas afuera del complejo policíal donde el juicio se está llevando a cabo. Continúan acosando a los parientes y a los abogados de derechos humanos, acusándolos de ser terroristas e instrumentos de Sendero Luminoso.  Se prevé que el juicio durará hasta marzo o abril del 2008. 

Justicia y rendición de cuentas

Independientemente del resultado, el mero hecho de que Perú ha puesto a juicio a Fujimori es un hecho histórico. Nunca antes había sido llamado a rendir cuentas un ex mandatario civil por abusos contra los derechos humanos en el Perú.  El juicio ayuda a establecer el precedente de que todos los ciudadanos, sin importar el cargo publico que hayan ocupado, están sometidos a los mismos criterios de justicia y rendición de cuentas.  Este proceso ayudará en una medida importante a profundizar el Estado de Derecho en el Perú.  Esto es de particular urgencia dado la manera en que la rama judicial fue politizada por el régimen de Fujimori. 

El proceso también establece un importante precedente que va mas allá del Perú.  Este juicio tiene implicaciones globales.  Los líderes que se creen todopoderosos y violan los derechos humanos podrían algún día verse enfrentados por sus acusadores en una corte.  Podrían algún día encontrarse, como Fujimori, sentados tristemente detrás de una pared de vidrio en una sala de juicio mientras contemplan la posibilidad de ser encarcelados por el resto de sus vidas. Dictadores de todo el mundo: ¡tomen nota!.

 

Jo-Marie Burt enseña política en la universidad de George Mason en Virginia y es autora de Political Violence and the Authoritarian State in Peru: Silencing Civil Society (Palgrave Macmillan 2007). Fue consultora para la Comisión Peruana de la Verdad y Reconciliación en el 2002-2003 y becaria Fulbright y profesora visitante en la Universidad Católica del Perú, en el 2006.