Fujimori on Trial :: Fujimori procesado

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Una crónica del juicio a Fujimori

Toniflipped-2.jpg picture by praxislimaAntonio Zapata Velasco

La Coordinadora Nacional de los Derechos Humanos (CNDDHH) me invitó a presenciar la sesión del viernes 4 de enero de 2008 del juicio al ex presidente del Perú, Alberto Fujimori. Por ello, a las 7:15 a.m. me presenté en su local y un rato después abordamos un bus que nos llevaría hasta el local de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DIROES), el fundo Barbadillo, en donde se desarrolla este histórico juicio. La cola para entregar documentos fue bastante ordenada y relativamente rápida. Después de dejar los celulares y quedarnos solamente con lapicero y libreta de notas, llegamos, por fin, a la entrada propiamente dicha. Allí dejamos las llaves en un pequeño fichero y quedamos listos para ingresar a la sala de espectadores. Antes, nos habíamos cruzado por primera vez con los fujimoristas y nadie se saludó. Realmente se cruzaron pocas miradas y cada grupo siguió en lo suyo.

La pequeña sala está dividida en dos bloques de asientos. A un lado, el ala ocupada por los fujimoristas, y al otro, la ubicación de los familiares de las víctimas, las organizaciones de DDHH y los observadores. Ocupé mi puesto, era el número 20. Nos separaba de la sala del juicio un vidrio, a través del cual podíamos ver con comodidad a los protagonistas del proceso penal. Ya estaban en sus puestos el fiscal y los abogados, tanto de la parte civil como la defensa de Fujimori, el abogado César Nakazaki y sus colaboradores. De pronto entró Fujimori y cruzó frente a mí. Fue la única vez que pude observar su rostro de frente. Venía reconcentrado en sus pensamientos. El conjunto de los fujimoristas se puso de pie y lo saludó con una venia, a la usanza japonesa. Sin embargo, la delegación de sus partidarios no estaba integrada exclusivamente por nikkei. Fuera de tres de sus hijos, realmente no había ningún otro nikkei y racialmente era un grupo bastante diverso. Al constatar este punto, voltee la mirada a quienes me acompañaban y reparé que disponíamos de la misma diversidad racial.

Mis silenciosas observaciones se cortaron abruptamente porque ingresó el Tribunal y alguien pidió que nos pusiéramos de pie. Al levantarme, vi por primera vez al juez César San Martín. Lucía sereno y en completo control ordenó ejecutar la parte protocolar, que fue cumplida en forma muy rápida, una agradable sorpresa. Eran las diez de la mañana. A continuación ingresó la primera testigo del proceso. En ese día, precisamente, se iniciaba la presentación de los testigos, comenzando con los invitados por la fiscalía. Se trataba de la señora Natividad Condorcahuana, sobreviviente de la matanza de Barrios Altos. El juez le tomó el juramente de ley y me impresionó la manera tan explícita de advertir acerca de las serias represalias en caso de incurrir en mentiras.

El fiscal inició el interrogatorio y la testigo relató que el 3 de noviembre de 1991, mientras ella vivía en el distrito de Villa El Salvador y trabajaba como vendedora ambulante de yerbas medicinales,  fue invitada por su cuñado a una “pollada”

[i] organizada por los habitantes del conventillo del jirón Huanta en el distrito de los Barrios Altos. Con esa actividad, ellos esperaban recolectar fondos para reparar el desagüe del lugar y para eso vendieron los tickets o tarjetas respectivas, una de las cuales portaba la señora Condorcahuana cuando llegó al local a las 8:30 p.m., algo tarde puesto que la reunión ya había comenzado. Encontró unas 20 personas y, como no conocía casi a nadie, siguió adelante e ingresó a la vivienda de su cuñado; allí estuvo hasta las 11:30 p.m. A esa hora fue a buscar a su marido, quien se había quedado tomando licor con los demás invitados en el patio de la antigua casona.

Nadie bailaba y solamente habían estado tomando licor y conversando, sólo había música de fondo y ella se topó primero con su cuñado, quien la invitó a brindar con un vaso de cerveza. De pronto, vió caer a su marido al suelo y pensó que se estaba peleando con algún invitado. Se acercó y lo ayudó a sentarse en una silla. Ella quería calmarlo para evitar que se desatara una pelea de borrachos. Pero, tenía la cabeza rota y estaba sangrando. En ese mismo momento percibió que había ingresado un grupo de gente extraña al patio. Con palabras fuertes y soeces les ordenaron que todos se tiraran al suelo. El Señor Ríos, quien era el líder del callejón, salió al  encuentro de tal grupo y le dijo a uno de ellos: “¿qué pasa jefe?”[ii], pero, una ráfaga de municiones lo ultimó. Eran unas diez personas, dos de ellas con el rostro cubierto, algunos vestían abrigos largos y otros, ropa de comando militar. La señora Condorcahuana se acuclilló junto a la pared. Al caer el Sr. Ríos, su hijo corrió hacia él, gritando “¡a mi papá no!”, pero una balacera terminó con el niño. Luego se oyeron los gritos desesperados de la mujer y la voz uno de los agresores, quien dijo, “apártese señora, con usted no es”.  Otra mujer le dijo “vayámonos comadre”

, pero ella cayó herida. Esa noche murieron 15 personas y 4 sobrevivieron, entre los cuales se hallaban los esposos León Condorcahuana.

La señora Condorcahuana recibió una bala en la sien y varios impactos le destrozaron el muslo derecho. En total, 11 balazos la hirieron y dos balas aún permanecen en su cuerpo. Fue trasladada al hospital 2 de Mayo y, como su esposo también estaba herido, sus 5 menores hijos quedaron solos. Ellos siguieron vendiendo yerbas, sin recibir ningún apoyo del Estado. La familia misma pagó los medicamentos que ambos esposos requirieron. La señora fue interrogada por la policía y, a pesar de la tensión del momento, se estableció que ni ella ni su marido eran terroristas, sino completamente inocentes. La investigación judicial posterior a los hechos encontró 111 casquillos de balas en el patio y determinó que provenían de pistolas sub -ametralladoras con silenciador. La señora Condorcahuana no ha podido volver a trabajar y su vida cambió radicalmente. Sufre de una lesión permanente en la rodilla y camina con dificultad, aunque ha tenido un hijo después de los acontecimientos.

Luego del interrogatorio de la parte civil, fue el turno del abogado Nakazaki, quien empezó expresando su solidaridad con los sufrimientos de la señora y se interesó en dejar en claro que lo que ocurrió fue una balacera infernal y no una secuencia de asesinatos de la familia Ríos. A continuación, el juez preguntó y pidió que la testigo precisara que nunca había sido amenazada, ni durante su hospitalización ni después. Una segunda pregunta del juez llevó a la señora a contar que ella y su esposo habían recibido una indemnización de US$ 165,000 gracias a una sentencia de la Corte Interamericana de San José y que hoy en día son propietarios de cabinas de Internet.

A continuación fue el turno del Sr. Felipe León, esposo de la señora Condorcahuana, quien repitió el relato, precisando que alguien lo golpeó por la espalda y cayó herido antes del inicio de la balacera, su mujer lo sentó en una silla y allí estaba cuando corrieron las balas. Recibió 6 impactos y aún así, al terminar todo, se arrastró malherido por el callejón para buscar ayuda. Encontró a un transeúnte y fue llevado al cercano Hospital Materno Infantil de Lima, luego trasladado al 2 de Mayo y luego a Bravo Chico en El Agustino. Estuvo en tres hospitales en sólo 15 días porque sus hijos no atinaban qué hacer y porque su esposa estaba mucho peor que él. Aunque hasta hoy tiene una bala en el cuerpo, estuvo trabajando un poco y sacó unos ahorros que tenía en el Banco CCC, el que quebró menos de tres meses después. Llegó a pagar los gastos médicos de su mujer que eran elevados. En determinado momento, agradeció efusivamente a la policía, en forma específica a la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE) que realizó una investigación sobre sus posibles conexiones con Sendero Luminoso y que lo dejó “limpio”

prontamente. No le sembraron pruebas ni lo  involucraron falsamente. A él, esta conducta de la policía le parece extraordinaria y reitera su agradecimiento. Revela que, además,  los policías lo ayudaron a salir del hospital sin pagar su cuenta de hospitalización.

Siete años después, la jueza Dra. Saquicuray abrió por la vía penal el caso Barrios Altos y vino a buscarlo un sacerdote que se identificó como el Padre Carlos, quien le ofreció ayuda a nombre del presidente Fujimori. Conversaron y, ante la oferta del cura, él respondió que todo apoyo era bienvenido y pregunto cómo podía concretarse la ayuda. El Padre le proporcionó una dirección y el fue hasta el Colegio La Recoleta. Allí encontró al padre Lanssiers, quien lo trató con gran brusquedad. Lanssiers se ofuscó cuando León pidió una fuerte ayuda económica y contestó ”¿que creía, que acaso Fujimori cagaba dinero?”

León se enojó y se retiró. Durante diez años buscó ayuda y las puertas de Palacio de Gobierno y del Palacio de Justicia estuvieron cerradas.

Su abogado, que era su hijo, lo ayudó a relatar que a pocas cuadras del lugar de la masacre había una importante dependencia policial, que toda el área estaba acordonada por la policía y que el resguardo era intenso por su cercanía al local del Congreso. Luego, Nakazaki interroga para pedir precisiones sobre la ausencia de amenazas oficiales y sobre la buena calidad del trabajo policial. A continuación, el mismo Nakazaki indica que en 4 juicios a los que el señor León ha acudido, es la primera vez que menciona el asunto del padre Lanssiers. El juez se interesa y pregunta al testigo, ¿por qué ha callado este punto tantos años, que si sus abogados sabían y qué le aconsejaron? El Sr. León responde que hace 5 años fue amenazado por un desconocido en la calle y él se asustó y no dio su testimonio a la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). Decidió callar y no rebuscar tanto en su tragedia personal. En ese momento, el juez le preguntó a Fujimori si conoce al aludido Padre Carlos y si envió a Lanssiers a conversar con León. Fujimori tartamudea y responde que no conocía al Padre Carlos y que nunca le pidió a Lanssiers que hiciera una gestión a su nombre ante las víctimas de Barrios Altos.

Llegó el momento del break,  eran las 11:30 a.m. y estuvimos en el patio durante 15 minutos. Visité la impecable sala de prensa y me enteré de un hecho insólito: en el cuartel de la DINOES, hoy en día, hay cuatro jurisdicciones distintas. En primer lugar, está el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) en el recinto donde está preso Fujimori. Está el Poder Judicial, donde nos hallábamos y se desarrolla el juicio. La tercera institución es la misma DINOES que conserva el control de parte de su cuartel, pero el perímetro exterior está resguardado por la Región de Policía. Así, 4 jurisdicciones en un área tan pequeña y crítica constituyen una muestra microscópica del desorden y superposición que caracterizan al Estado en el Perú.

La sesión se reinició para continuar hasta las 2:00 p.m. El plato fuerte del día era la presentación de Gustavo Gorriti, periodista secuestrado el día del autogolpe del 5 de abril de 1992. Nuevamente, el fiscal inicia el interrogatorio y Gorriti relata que llevaba tiempo investigando y publicando acerca del papel de Vladimiro Montesinos en el gobierno de Fujimori, que él sabía que había sido un capitán condenado por traición a la patria y que luego de purgar prisión militar se graduó como abogado, trabajando a continuación como defensor de narcotraficantes. Le parecía una pésima influencia en el gobierno. Contó que le preguntó varias veces a Fujimori por Montesinos, en cuanta conferencia de prensa se realizaba. Ante estas interrogantes, Fujimori siempre lo negó, sosteniendo que se trataba sólo de un funcionario de menor jerarquía y sin poder ni influencia en el gobierno. Conociendo la naturaleza vengativa de Montesinos, Gorriti –

por su lado – había tomado sus precauciones, formuló un plan, adoptó medidas de seguridad en su casa e ideó con su mujer un sistema de alertas y contactos.

El domingo 5 de abril de 1992 salió con su esposa a pasear a sus perros y observó una vigilancia policial discreta, pero estacionada muy cerca de su casa. Regresó a su vivienda y se quedó a ver televisión. En eso estaba cuando recibió una llamada telefónica mientras observaba el discurso del autogolpe “disolver, disolver”

[iii]. Miró por la ventana y comprobó que la vigilancia había desparecido. A las 11 p.m. salió a visitar a Enrique Zileri, director de la revista Caretas, intercambiaron información y quedaron en avisar a sus casas ante la posible detención de ambos. A las 3 a.m. del 6 de abril tocaron la puerta de su casa, mientras él estaba escribiendo en su computadora un despacho para la prensa internacional. Era mucha gente la que se presentó en su casa, todos estaban tensos y dijeron ser de Seguridad del Estado. Mientras les abría la puerta, ya habían ingresado tres individuos trepando la pared del frente y en ese momento se estaban descolgando hacia el jardín de la casa. Entraron unas 12 personas vestidas de civil, aunque portando armamento de guerra. Cuando lo conminaron a acompañarlos, hubo resistencia y forcejeo, hasta que uno impuso su autoridad y Gorriti negoció y logró que salieran todos a cambio de entregarse. Sin embargo, se llevaron su computadora. Se despidió de su esposa que había participado de los acontecimientos y de sus hijas que estaban durmiendo. Fue llevado a una camioneta del Servicio de Inteligencia Nacional y en el camino observó que un camión de transporte de tropa se retiraba luego de  haber prestado seguridad al operativo de su secuestro.

Gorriti fue trasladado al Cuartel General del Ejército, conocido como el Pentagonito, por la puerta de entrada que conduce al ala del Servicio de Inteligencia del Ejército, SIE. El custodio que lo acompañaba lo entregó a un oficial que lo recluiría luego en un semisótano del edificio. Había barrotes, dos habitaciones y un baño, todo estaba muy sucio. Su detención fue clandestina y él se declaró en huelga de hambre. Día y medio después sería entregado a la policía y liberado. En el ínterin, en aplicación de sus planes, tanto su esposa como Zileri habían movido infinidad de contactos y relaciones; se había producido una intensa presión internacional de parte de embajadas y asociaciones de periodistas. Después de compartir unas horas de prisión con otros periodistas presos en el local de Seguridad del Estado, Gorriti encontró a los abogados de DDHH y fue liberado; le entregaron su computadora al poco tiempo.

Días después, Fujimori convocó a una conferencia de prensa con los medios internacionales. Era la rueda de prensa relacionada con el autogolpe del 5 de abril. Gorriti acudió a la cita que se desarrolló en Palacio de Gobierno. Lo dejaron entrar y preguntó a Fujimori sobre su detención. Al lado del ex presidente se hallaba el entonces canciller Augusto Blacker, muy nervioso. En su respuesta, Fujimori negó que Montesinos hubiera intervenido en el caso de Gorriti y mencionó la situación de los hermanos del periodista Yovera, quienes también se hallaban secuestrados. De acuerdo a Gorriti, la respuesta de Fujimori revela que sabía de su secuestro y también de los hermanos  Yovera. Es decir, que habría estado al tanto de todo. Para Gorriti el conocimiento de Fujimori sobre su detención es un hecho crucial porque prueba la conexión del ex presidente en el secuestro de ciudadanos. Cuenta que años después, trabajando sobre el caso “Colina”, conversó con el General Nicolás Hermoza – entonces Comandante General del Ejército y actualmente preso en el penal de San Jorge – preguntándole porqué había firmado la orden de secuestrarlo. Su respuesta fue: “¿qué quería que haga? alguien tenía que hacerlo, los demás se negaron a firmar, yo tenía que actuar”. Hermoza añadió, según recuerda Gorriti, que se hallaba arrepentido por ello. En ese momento, Gorriti le preguntó a Nakazaki si Hermoza le informó de esa conversación. Ello porque Nakazaki también es abogado de Hermoza, no obstante que tanto Fujimori como el general señalan al otro como culpable de los “excesos”

.

A su turno, Nakazaki sostuvo, en primer lugar, que no fue un secuestro sino una detención ilegal y, a continuación, que su defendido no sabía nada. Precisó que Gorriti estuvo autorizado para ingresar a Palacio y luego preguntar con toda naturalidad durante la rueda de prensa. A su parecer, la presencia de Gorriti en Palacio significaba que no había sido proscrito por Fujimori. Todo lo contrario, según Nakazaki, Fujimori se enteró de la ilegal detención de Gorriti en ese mismo momento. Con este asunto y siendo las 2 p.m. se interrumpió la sesión. Al salir, atravesamos el pequeño pueblo que rodea al cuartel y pude observar el local que los fujimoristas han alquilado. Es una casa de dos pisos situada casi al frente de la entrada a la DINOES, pintada de naranja, adornada con afiches y banderolas que proclaman la inocencia de su líder. Pero, estaba completamente vacía, no había nadie, ni un solo militante agitaba banderas ni cantaba lemas como en otras fechas.

Me queda claro que la estrategia de Nakazaki no alega la completa inocencia de Fujimori, sino discute la interpretación de los hechos. No fueron asesinatos selectivos sino balaceras indiscriminadas. Tampoco fueron secuestros sino detenciones ilegales. Su defendido había diseñado la estrategia general, pero los detalles estaban a cargo de subordinados. Para Nakazaki se trata de rebajar la lectura de los hechos para disminuir la pena. Es una reiteración de la actitud adoptada durante el primer juicio que recibió una rápida sentencia porque Fujimori se allanó. Esto es, el juicio por el falso fiscal que invadió la casa de Trinidad Becerra (esposa de Montesinos), cuando Fujimori buscaba los videos grabados y guardados por Montesinos. En ese primer juicio, Fujimori reconoció un grado de culpabilidad y fue sentenciado a seis años de condena. Del mismo modo, en estos juicios que son por causas más complejas como son los DDHH y que pueden llevarlo a prisión hasta por 30 años, su abogado parece aconsejarlo que reconozca poco, pero que no niegue todo. Nakazaki prefiere que Fujimori aparezca poderoso y en control de su gobierno, argumentando que lamentablemente hubo algunos excesos debido al celo de ciertos malos subordinados.

Finalmente, mi apreciación es que el juicio a Fujimori se lleva a cabo correctamente, respetándose el debido proceso Pienso que el Tribunal ofrece garantía de imparcialidad y transparencia. Cabe recordar que el proceso es transmitido en directo por el canal 8 de TV, lamentablemente sólo por cable y no por señal abierta. Pero, la ciudadanía se va formando una opinión propia. Estamos ante un hecho trascendente y nadie lo ignora, como tampoco que existe un fuerte componente político. Llueven pasiones y las personas mayores discuten el tema con cierta acrimonia. Pero, los jóvenes están contentos que esté sucediendo, que los gobernantes sepan que deben ser limpios o corren riesgo de ser encarcelados. Es un signo de los tiempos y los jóvenes lo viven con orgullo. Además, como pocas veces en el Perú, es evidente para todos, y nadie lo discute, que Fujimori está teniendo un juicio impecable, que si no es culpable, su brillante abogado logrará que salga de prisión. Pero, que si es encontrado responsable de actividades criminales, pues prolongará su estancia tras las rejas. El país entero y todos y cada uno de nosotros estamos confrontados con el juicio más trascendente de la historia moderna del Perú.




 

Notas de editora

[i] Fiesta popular organizada en torno a la preparación de pollos trozados, marinados con ají, ajos , entre otros condimentos,  y  cocidos en olla o parrilla. La cerveza y música alegre para bailar son otras características de estas fiestas organizadas para la recaudación de dinero para algún objetivo, generalmente de pequeñas organizaciones de vecinos. 

 

[ii] “Jefe”

es una expresión popular utilizada para dirigirse a una autoridad uniformada, generalmente de la policía

[iii] Palabras del mensaje de Fujimori en todos los medios, con las que comunicó su decisión de cerrar el Congreso de la República en 1992. Tal expresión se volvió popular y aparece frecuentemente en las caricaturas de Fujimori en tono de humor.

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Este artículo se publica bajo el Convenio Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos –

Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.